
La Metafísica de los Yamas y Niyamas (Parte 1): Más allá del moralismo y los mandamientos
En el ámbito del yoga moderno es habitual encontrarse con una interpretación simplificada de sus dos primeros pilares: los Yamas y los Niyamas. Con frecuencia, los manuales de divulgación los presentan como una suerte de «diez mandamientos del yoga» o como un código ético-moral concebido para convertir al practicante en una «buena persona».
Sin embargo, cuando proyectamos sobre la tradición de Oriente las categorías conceptuales de Occidente —impregnadas de nociones como culpa, deber impuesto o puritanismo moral—, desvirtuamos por completo su sentido original. Desde la perspectiva del Advaita Vedānta y del marco metafísico tradicional, los Yamas y Niyamas no constituyen una lista de prohibiciones piadosas, sino herramientas técnicas de sujeción y purificación del instrumento interno(sattva-śuddhi*).
Para comprender su verdadero alcance, es necesario desmantelar los malentendidos del lenguaje cotidiano, acudir a la precisión etimológica del sánscrito y analizar la estructura con la que fueron concebidos.
- Desmontando el lenguaje: De la norma moral a la sujeción técnica (√yam)
El primer obstáculo en el estudio del yoga es la traducción apresurada de los términos. La palabra castellana «mandamento» evoca una ley impuesta desde el exterior que juzga la conducta en términos de bien o mal moral. Por el contrario, tanto yama como niyama derivan de la raíz sánscrita √yam, cuyo significado primario y técnico es «sujetar, refrenar, contener o tomar las riendas».
Es la misma raíz que da nombre a Yama (el principio que refrena o la divinidad que sostiene el orden) y que está emparentada con la idea misma del yugo (yoga). Una sujeción (yama) no es un juicio ético, sino una operación deliberada: tomar las riendas de una facultad o tendencia que, por su propia naturaleza dispersa, tiende a desbordarse hacia fuera.
- Yama: Es la sujeción o freno aplicado hacia fuera, regulando la conducta e interacción con el entorno y los demás seres.
- Niyama: Es la misma operación de sujeción aplicada hacia dentro, como una observancia, disciplina o regla de agasajo aplicada sobre la propia mente y el propio cuerpo.
- La estructura de los miembros (Aṅga) frente al mito de los «escalones»
En los Yogasūtras de Patañjali, los Yamas y Niyamas se presentan como los dos primeros de los ocho componentes del yoga (aṣṭāṅga).
Un error pedagógico muy extendido consiste en traducirlos como «escalones», «etapas» o «módulos» de una escalera acumulativa. Bajo esa premisa equivocada, el estudiante cree que debe «aprobar» el primer módulo (Yamas) para poder graduarse al segundo (Niyamas) y, finalmente, acceder a la práctica postural (āsana).
La palabra sánscrita aṅga significa estrictamente «miembro»* u «órgano» de un cuerpo vivo. Un organismo no desarrolla primero una mano completa, espera a terminarla para fabricar un brazo y solo después empieza a desarrollar el corazón; todos los órganos crecen de forma simultánea, interdependiente y se sostienen mutuamente. Del mismo modo, las sujeciones y las observancias no son fases que se superan y se dejan atrás, sino miembros vivos que se cultivan durante toda la indagación metafísica.
- Los 5 Yamas: Las Sujeciones hacia Fuera
Los Yamas son los frenos que el practicante aplica sobre su propia conducta en relación con el mundo manifestado. Lejos de ser normas abstractas, cada uno responde a un análisis psicológico y metafísico preciso.
- Ahiṃsā: La ausencia de hostilidad (Anabhidroha)
- La brecha en castellano: Traducir Ahiṃsā simplemente como «no violencia» reduce el concepto a la abstención de la fuerza física bruta o a una postura política pacifista.
- El sentido tradicional: Los comentarios clásicos definen Ahiṃsā como anabhidroha, es decir, la ausencia total de agravio, hostilidad o ánimo de ir contra cualquier ser. Debe cumplirse bajo tres condiciones universales: de todas las formas, siempre y hacia todos los seres vivos.
- Ahiṃsā no es un yama más en la lista: es la raíz de todas las demás observancias. Los otros cuatro Yamas y los cinco Niyamas existen únicamente para pulir y hacer pura la forma de Ahiṃsā. Si una supuesta «verdad» o una «disciplina» se ejecuta con el deseo sutil de herir, juzgar o humillar a otro, ha dejado automáticamente de ser yoga.
- Satya: La verdad subordinada a la no-lesión
- La brecha en castellano: Se suele interpretar como «sinceridad cruda» o el «derecho a decir siempre lo que se piensa».
- El sentido tradicional: Satya es la coincidencia exacta de la palabra y el pensamiento con los hechos reales. Sin embargo, en la tradición metafísica la verdad hablada está estrictamente subordinada a Ahiṃsā. Una afirmación que sea factualmente cierta, pero que se pronuncie con la intención de lesionar, destruir o calumniar a un ser, pierde su condición de Satya. La verdad en el yoga debe ser constructiva, serena y desprovista de veneno egoico.
- Asteya: El rechazo del anhelo interior (Aspṛhā)
- La brecha en castellano: Se reduce habitualmente al acto externo de «no meter la mano en el bolsillo ajeno» o no cometer un delito de robo.
- El sentido tradicional: La tradición enseña que el robo (steya) consiste en apropiarse de bienes ajenos sin legitimidad, mientras que Asteya es su renuncia radical. Pero su forma interior y verdadera es aspṛhā: la ausencia de anhelo o codicia en la mente. La mano puede permanecer quieta por miedo al castigo social, pero si la mente sigue deseando codiciosamente lo ajeno, la sujeción no se ha realizado.
- Brahmacarya: El andar con el maestro y la gestión de la energía
- La brecha en castellano: Traducido de forma casi obsesiva como «celibato» o «castidad», proyectando un tabú represivo sobre la sexualidad.
- El sentido tradicional: Etimológicamente, Brahmacarya significa «andar junto al maestro» (gurau caranti) o «moverse en lo inmenso». Define el estado del estudiante dedicado por completo al estudio de la doctrina. Su sentido técnico en el yoga es la contención y no dilapidación de los sentidos (indriyas) y de la fuerza vital. No se trata de una negación neurótica, sino de recoger la energía proyectada hacia los estímulos externos para disponer de la lucidez que requiere el conocimiento metafísico.
- Aparigraha: El no-hacer-propio (Asvīkaraṇa)
- La brecha en castellano: Suele confundirse con la pobreza material pasiva o el desprendimiento sentimental.
- El sentido tradicional: Parigraha significa «agarrar alrededor» o acaparar objetos. Aparigraha es asvīkaraṇa: el no-hacer-propio. Esta sujeción nace de haber observado contemplativamente los cinco defectos (doṣas) inherentes a las posesiones:
- El trabajo y fatiga que cuesta adquirirlas.
- La angustia constante por conservarlas y protegerlas.
- La inevitabilidad de su desgaste, pérdida o deterioro.
- El apego psicológico insaciable que generan.
- El daño o privación que su acumulación causa a otros seres.
Aparigraha no exige desprenderse de las herramientas necesarias para la vida, sino erradicar la superimposición psicológica de la posesión: la etiqueta mental de «esto es mío».
- El Gran Voto (Mahāvrata): La universalidad incondicionada
Para marcar la diferencia entre una moral ordinaria y la disciplina del yoga, el texto de Patañjali introduce la noción del Gran Voto (Mahāvrata).
En la vida corriente, las personas guardan normas morales de forma parcial o condicionada:
- Un pescador abstiene su daño de los animales terrestres, pero no de los peces (delimitación por especie).
- Un devoto respeta la vida dentro de un templo, pero fuera de él no (delimitación por lugar).
- Una persona evita la violencia en días sagrados o festivos, pero no el resto del año (delimitación por tiempo).
- Un soldado limita su agresividad al campo de batalla (delimitación por circunstancia).
El yoga exige que las cinco sujeciones se conviertan en un Gran Voto: una práctica incondicionada que no admite excepciones por especie, lugar, tiempo ni circunstancia, aplicándose de forma absoluta en todos los estratos de la mente.
La Metafísica de los Yamas y Niyamas (Parte 2): Las observancias internas y la perspectiva del Advaita
En la primera parte de este estudio desglosamos cómo las sujeciones hacia fuera (Yamas) no son preceptos morales, sino frenos técnicos aplicados a la conducta. En esta segunda entrega analizaremos las observancias hacia dentro (Niyamas), la herramienta técnica para contrarrestar los impulsos desviados (Pratipakṣabhāvana), las advertencias de René Guénon sobre los límites de la acción y la redefinición final que realiza el Advaita Vedānta de todo el esquema.
5. Los 5 Niyamas: Las observancias hacia dentro
Si los Yamas refrenan la proyección desordenada de la conducta hacia el entorno, los Niyamas son observancias o disciplinas aplicadas sobre el propio organismo físico y psíquico. Su función es purificar la sustancia mental (citta) para que el estudiante esté en condiciones de asimilar la enseñanza metafísica.
1. Śauca: La limpieza física y la purificación mental (***Citta-śuddhi*)**
- La brecha en castellano: Se suele interpretar de forma estrecha como la mera higiene corporal o el aseo diario.
- El sentido tradicional: Comprende dos dimensiones inseparables:
- Higiene externa (bāhya): La limpieza del cuerpo mediante el agua, la tierra y la ingesta de alimentos puros y aptos.
- Higiene interna (ābhyantara): El verdadero corazón de esta observancia es el lavado (ākṣālana) de las suciedades e impurezas de la mente (citta), tales como la envidia, la soberbia o el engaño. Sin la limpieza mental, la pulcritud exterior es un simple envoltorio vacío.
2. Saṃtoṣa: El contento como contención del deseo (***Anupāditsā*)**
- La brecha en castellano: Con frecuencia se traduce como «conformismo» o «resignación pasiva» ante las injusticias o las carencias.
- El sentido tradicional: Los comentarios clásicos definen Saṃtoṣa con una precisión exquisita como anupāditsā: «el no querer tomar más de los recursos que ya se tienen a mano». Mientras que Aparigraha detiene el acto físico de acaparar objetos, Saṃtoṣa contiene en su origen la agitación de la mente que busca insaciablemente fuera más de lo necesario para la vida y el estudio.
3. Tapas: El aguantar impertérrito los pares de opuestos (***Dvaṃdvasahanam*)**
- La brecha en castellano: Traducido erróneamente por la influencia moralista como «penitencia», «mortificación» o «autocastigo físico».
- El sentido tradicional: Tapas proviene de la raíz √tap («arder, calentar»). Su definición técnica según el Yogabhāṣya es dvaṃdvasahanam: «el aguantar o sostener impertérrito las parejas de opuestos» (dvaṃdva), tales como el frío y el calor, el hambre y la sed, la comodidad y la incomodidad. Tapas no consiste en provocarse dolor a propósito, sino en mantener la firmeza y la ecuanimidad cuando las inclemencias inevitables de la existencia se presentan sin haberlas buscado.
4. Svādhyāya: La recitación y el estudio contemplativo de la doctrina
- El sentido tradicional: Compuesto por sva («propio») y adhyāya («recitación» o «estudio»). No es la lectura de entretenimiento ni la acumulación de erudición profana. Exige dos prácticas convergentes:
- La musitación o recitación repetida del mantra sagrado OM (Praṇava).
- El estudio atento y continuado de los textos tradicionales (śāstras) que exponen las verdades sobre la liberación metafísica (Mokṣa).
5. Īśvarapraṇidhāna: Depositar la acción en el Principio Supremo
- La brecha en castellano: Suele confundirse con un fervor religioso sentimental hacia un Dios antropomórfico.
- El sentido tradicional: Etimológicamente deriva de pra-ni-√dhā («poner delante y abajo», es decir, «depositar»). Consiste en la entrega (arpaṇa) de todas las acciones y de sus frutos al Maestro supremo o Principio inmutable. Con esta observancia se disuelve la ilusión central del ego: la creencia de ser un «hacedor individual» (kartṛ), reconociendo que todos los movimientos pertenecen a la Naturaleza (Prakṛti).
6. El antídoto psicológico: Pratipakṣabhāvana
¿Qué debe hacer el practicante cuando irrumpen impulsos que atentan contra estas sujeciones? Patañjali propone la técnica de Pratipakṣabhāvana: «hacer presente lo contrario».
Los impulsos desviados (vitarkas) —como el deseo de dañar, mentir, robar o codiciar— nacen de tres raíces venenosas:
- La codicia (lobha).
- La ira (krodha).
- El aturdimiento o fascinación (moha).
Además, pueden manifestarse en tres niveles: ejecutados por uno mismo (kṛta), encargados a otros (kārita) o simplemente aprobados en la mente (anumodita).
El método de Pratipakṣabhāvana no consiste en entablar una lucha violenta contra el pensamiento negativo, sino en contemplar con lucidez sus consecuencias: recordar a la mente que ceder a la hostilidad o al engaño produce un sufrimiento (duḥkha) e ignorancia (ajñāna) sin término, y que equivale a la actitud ridícula del perro que vuelve a comerse su propio vómito.
7. La crítica de René Guénon: Los límites de la acción y el moralismo
Para situar los Yamas y Niyamas en su justo lugar metafísico, es fundamental acudir a las advertencias del metafísico René Guénon sobre las desviaciones de la mentalidad moderna:
- Son medios preparatorios, no la causa de la Liberación: Guénon insiste en que las observancias y la ascesis del yoga pertenecen al dominio de la acción (karma). Su función es purificar el espejo de la mente y quemar las inercias del ego (sattva-śuddhi). Sin embargo, la acción es siempre finita y sólo produce frutos dentro de su propio plano. Por tanto, las reglas virtuosas no pueden «fabricar» la Liberación (***Mokṣa*)**, ya que lo Absoluto no es algo elaborado que empiece a existir tras el esfuerzo. La Liberación es obra exclusiva del Reconocimiento del Sí-mismo (Jñāna).
- El peligro de la traba moralista (***Niyamāgraha*):** La tradición enseña que una de las mayores trampas en el camino es niyamāgraha: «el aferrarse u obstinarse en las reglas». Cuando el practicante convierte el cumplimiento de las observancias en un motivo de superioridad moral, orgullo espiritual o en un fin en sí mismo, la herramienta purificadora se transforma en un nuevo obstáculo egoico más rígido que las propias distracciones del mundo.
8. La redefinición metafísica en el Advaita Vedānta
Desde la perspectiva pura del Advaita Vedānta, expuesta por maestros como Śaṅkara y Ramana Maharshi, los ocho miembros del yoga no se descartan, sino que sufren una transfiguración metafísica: dejan de ser reglas externas para convertirse en la descripción directa de la mirada del Sabio (Jñānin).
- El Yama Advaita: Consiste en dominar el conjunto de los sentidos no por una lucha voluntarista, sino por haber visto la impermanencia, vanidad e irrealidad del mundo manifestado.
- El Niyama Advaita: Es el flujo ininterrumpido de contemplación hacia el Sí-mismo (Ātman), reconociendo que no hay nada fuera de la Conciencia Inmutable.
- Ahiṃsā en la No-Dualidad: Si sólo existe una única Realidad sin segundo (Advaita), ¿a quién se podría dañar o agraviar? El no-dañar verdadero nace espontáneamente al reconocer que el otro es la propia esencia de uno mismo.
Conclusión: El verdadero propósito del vehículo
Los Yamas y Niyamas no fueron diseñados para crear jueces morales ni practicantes virtuosos atrapados en la satisfacción de su propia conducta. Son la puesta a punto del instrumento humano. Al sujetar los desbordamientos exteriores e interiores, la mente se pacifica, disuelve sus agitaciones gruesas y adquiere la transparencia necesaria para abordar la única pregunta verdaderamente metafísica: ¿Quién soy yo más allá de lo que cambia?
La Metafísica de los Yamas y Niyamas (Parte 3): Lo visto, las imágenes y la desarticulación de lo falso
Para culminar la comprensión de los Yamas y los Niyamas en el contexto de la práctica contemplativa y la metafísica del Advaita Vedānta, es indispensable dar un paso definitivo y situar la práctica en su plano exacto: el dominio de lo visto (***Dṛśya*)**.
El error fundamental del practicante ordinario consiste en creer que el Sí-mismo (Ātman) necesita perfeccionarse o que las disciplinas del yoga están diseñadas para construir una personalidad «espiritual». Al comprender el mapa metafísico, descubrimos que los Yamas y Niyamas no se aplican sobre la Conciencia pura, sino sobre el entramado de reacciones del mecanismo falso que se ha superpuesto a ella.
1. La frontera metafísica: El Vidente (***Draṣṭṛ*) y lo Visto (*Dṛśya*)**
En la indagación tradicional, la realidad se articula en dos polos categóricos:
- El Vidente (***Draṣṭṛ* **o Sākṣin**):** La Conciencia testigo, inmutable, no nacida y carente de partes. El Vidente no actúa, no reacciona, no se contamina ni se perfecciona.
- Lo Visto (***Dṛśya*):** Todo aquello que puede ser percibido o registrado, desde el objeto físico más denso hasta el pensamiento más sutil, pasando por las emociones, los recuerdos, el cuerpo y el propio sentido del yo individual.
Todas las propuestas para la práctica del yoga —incluidos los Yamas y los Niyamas— están estrictamente del lado de lo visto.
Reconocer esto desde el principio cambia por completo la actitud del estudiante: los Yamas y Niyamas no son virtudes que la Conciencia deba adquirir, sino herramientas destinadas a gestionar el ámbito de los fenómenos observados.
2. La naturaleza del mecanismo falso (***Adhyāsa*)**
¿Qué o quién es el que reacciona, miente, codicia, se agita o busca acaparar? No es el Sí-mismo. Es la entidad falsa nacida de la superimposición (adhyāsa): la identificación errónea por la cual la Conciencia se confunde con el instrumento psico-físico (ahaṅkāra).
Este «yo falso» es una construcción inestable que se tiene a sí misma por algo que no es. Al sentirse separado, amenazado e incompleto, el ego vive en un estado de reactividad constante frente a las imágenes. Dichas imágenes se presentan en dos vertientes:
- Las imágenes «externas»: Los objetos del mundo, los acontecimientos, las circunstancias materiales y la conducta de los demás seres.
- Las imágenes «internas»: Las construcciones de la mente, las memorias, los juicios, los estados emocionales, las fantasías y los temores.
3. Yamas y Niyamas como la contención de la reactividad
Comprendida la naturaleza de las imágenes, el propósito técnico de los dos primeros miembros del yoga cobra una lucidez absoluta:
El papel de los Yamas ante las imágenes externas: Cuando lo falso se expone a las imágenes del mundo exterior, reacciona mecánicamente para defenderse o afirmarse: responde con hostilidad (hiṃsā), engaño (asatya), codicia (steya), dispersión sensorial (abrahma) o posesividad (parigraha). Los Yamas se establecen para tomar las riendas (***√yam*) sobre la reacción mecánica de lo falso frente a esas imágenes externas**. No se busca «cambiar el mundo», sino cortar el automatismo impulsivo con el que el ego responde a lo que ocurre fuera.
El papel de los Niyamas ante las imágenes internas: Cuando lo falso se mira a sí mismo, se encuentra con el caos de sus propias imágenes mentales: suciedades emocionales, insatisfacción, rechazo al dolor interior, dispersión y la ilusión de ser el autor de sus pensamientos. Los Niyamas se configuran como observancias para contemplar y contener las reacciones de lo falso ante las imágenes internas. Mediante la limpieza (śauca), el contento (saṃtoṣa), la resistencia firme (tapas), el estudio contemplativo (svādhyāya) y la entrega de la autoría (īśvarapraṇidhāna), el estudiante neutraliza la fascinación por el contenido mental.
4. La intención real de los Yogasūtras: Desidentificación, no «logro»
El gran malentendido de la mentalidad contemporánea es enfocar los Yogasūtras como un manual de consecución: la búsqueda de un «yo perfeccionado» que logra conquistar estados elevados.
La intención originaria de la enseñanza no es que alguien «consiga algo», sino que se contemplen las reacciones de lo falso. Al observarlas con ecuanimidad y ponerles freno, la mente descubre su vacuidad: al ser identificadas como lo falso, dejan de arrastrar a la Conciencia.
La trampa más sutil de la mente es el «querer ser algo» (el anhelo de afirmación egoica). Tanto en las imágenes externas (querer ser reconocido, poseer, dominar) como en las internas (querer ser puro, iluminado o virtuoso), lo falso intenta perpetuarse. Los Yamas y Niyamas desarticulan este «querer ser algo» al no alimentarlo con la acción compulsiva.
5. Redefinición de Samādhi**: El «poner junto» lo disperso**
Al aplicar esta sujeción consciente sobre las reacciones de lo falso, la práctica conduce de forma natural a la meta del yoga: el Samādhi.
Lejos de las interpretaciones místicas que presentan el samādhi como un trance extinguido o una experiencia extravagante, la etimología sánscrita revela su sentido preciso. La palabra está compuesta por:
- Saṃ (prefijo que indica «junto», «unión», «integración»).
- Ā (prefijo de dirección, «hacia sí»).
- La raíz √dhā («poner», «sostener», «depositar»).
Samādhi significa literalmente «poner junto» o «reunir lo que estaba disperso».
Cuando el estudiante contempla detenidamente las reacciones de lo falso ante las imágenes internas y externas, y pone freno al impulso incesante de proyectarse en lo transitorio, ese querer disperso se recoge. La atención, que antes se fragmentaba intentando aferrarse a lo que cambia, es restablecida y «puesta junto» en su base inmutable: la Presencia silenciosa del Sí-mismo (Ātman).